domingo, 1 de julio de 2012

La Flor de Lis


Me encontraba sumida en un profundo sueño, en él, podía escuchar la voz de mi abuela, susurrándole al viento, que transportaba oscuras flores de lis, su voz cobraba un cariz casi metálico que me hacía estremecer, entre sus palabras podía distinguir una sutil advertencia: “esconde el cofre”. Me desperté de un sobresalto, podía sentir el sudor perlado en mi frente y, con el miedo atenazando mi corazón, descubrí una flor de lis oscura tatuada en la palma de la mano. Asustada intenté por todos los medios borrar aquel tatuaje que no hacía más que recordarme lo que mi abuela me había dicho en su lecho de muerte: “aquella que porte la flor de lis habrá de esperar su resurrección”; y me legó un pequeño cofre de plata que contenía los más horrendos dibujos de una criatura que jamás creí que pudiese habitar la tierra. Pero si la profecía de mi abuela era cierta, yo debía hacer frente a ese demonio que amenazaba con consumir mi alma.

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