sábado, 30 de junio de 2012

Un cambio de rumbo




Estaba trabajando, como siempre, revisando informes y cuadrando cuentas. Esta era una operación que se repetían tediosamente desde hace seis años, cuando comencé a trabajar para D&N. Es una buena empresa y paga bastante bien pero mi trabajo no me llena, mi vida no me llena. Ya casi no me veo con mi familia y mis amigos han optado por darme discretamente de lado; no les juzgo parezco un fantasma que habita la oficina de 8 a 20 y que llega a casa con la única pretensión de darse una ducha caliente e irse a la cama. Es irónico que desde que se instaló mi vecino, un personaje de lo más pintoresco, he comenzado ha prescindir de esas ansiadas horas extra, no requiero descanso alguno y las duchas se han vuelto algo frías. He resucitado en mí el deseo de vivir e irónicamente mi aspecto es del todo menos saludable, mi reflejo en el espejo es cadavérico y difuso, pero parece no importarme en absoluto. Tal es mi estadio de despreocupación que no presto atención ni si quiera a los semáforos; creo que esa sea tal vez la razón por la que esta mañana me desperté una cama de metal en el interior de una nevera; cuando quise extraer mi cuerpo de la nevera él estaba allí, mi vecino; y nada más verme pronuncio las cuatro palabras que determinarían el resto de mi vida: “Lea res un vampiro”.

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