jueves, 28 de junio de 2012

Prólogo de Un Átomo para la Vida y un Fotón para la Eternidad


Prólogo

« Ce qui embellit le désert c’est qu’il cache un puits d’ eau quelque part »
Saint-Exupéry, Le Petit Prince, chapitre 24[1]
"The bitterest tears shed over graves are for words left unsaid and deeds left undone."
Harriet Beecher Stowe, Uncle Tom’s cabin[2]

Siempre he sabido que esto podía acabar así, pero jamás, jamás, abandone la esperanza, porque es lo último que queda, aunque se haya liberado todo el mal del mundo, siempre queda un resquicio en el fondo de la caja para la esperanza…

Es una historia preciosa no muy alejada de la realidad, que ayuda a los que se encuentran en el mismo estado que yo, y que no supe apreciar desde un principio. Pero Pandora no tuvo que enfrentarse con acciones que hacen que mi determinación flaquee, y comprenda algunas de las razones que empujaron a Belili[3] hacia el Xibalbá[4].

“Cobarde, cobarde, cobarde”- gritaba desde el fondo de mi ser, como podía siquiera pensar en seguir sus pasos. Pero siempre ha sido así, por temor soy lo que soy, y por temor nunca seré lo que ella es.

Embriagada por un pesimismo más viejo que el propio mundo, observaba con amarga tristeza, los rostros de aquellos que con tanto ahínco aseguraban estar en posesión de la verdad y la virtud; decían ser justos y mientras tanto, permanecían ahí, impertérritos, mientras las llamas consumían, entre sordos lamentos a mi dulce e inocente niña. Que razón tenía aquel dicho árabe que rezaba: “Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego”

Abandonando mi egoísta autocompasión por haber perdido a mi  magna spiritus cogitans[5], me resigné a hacer lo único que podía por ella, ser ridículamente generosa y apaciguarla en su último halitus[6]. Me coloque junto a ella en medio de las llamas, en la plaza del mercado de Ruán, su hermosa y marfileña piel lucía ahora un color negro cetrino; ya apenas podía sentir las llamas calcinado su cuerpo. Miré a los que allí se reunían, a los que había sido entregada después de su leal servicio; y apacigüé su sufrimiento susurrándole al oído el único nombre que dio sentido a su vida y que sabía que la ayudaría en el trance. Tibia fue mi alegría cuando ella lo repitió tres veces antes de expirar: “Jésus-Christ, Jésus-Christ, Jésus-Christ”. 

La religión es un arma de doble filo, en su nombre los hombres son capaces de nobles proezas y de viles atrocidades; solo espero que nuestro próximo encuentro no sea tan doloroso o temo que la victoria de Belili dejará de ser primum[7] para convertirse en substantia[8].


[1] "Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua.", Saint-Exupéry, El Principito, capítulo 24.
[2]Las lágrimas más amargas que se derramarán sobre nuestra tumba serán las de las palabras no dichas y las de las obras inacabadas”, Harriet Beecher Stowe, La Cabaña del Tío Tom.
[3] Diosa sumeria de la luna y el infierno
[4] Inframundo habitado por los señores malignos de la mitología maya
[5] Latín, algo así como: “gran espíritu del conocimiento/ razón”
[6] Latín: “hálito”
[7] Latín: “proto”
[8] Latín: “realidad/ substancia”

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