martes, 24 de enero de 2012

La Caja de PandoraLa Caja de Pandora-parte 1


La Caja de Pandora


Siempre me he sentido como una extraña, incluso con mi propia familia, de alguna manera siempre me he sentido como si me faltase algo, como si alguna pieza dentro de mi ser no funcionase correctamente. Te pido lector que no pienses que estoy loca, ni paranoica, tampoco paso por una fase de depresión profunda y no sufro un síndrome de “déficit de atención” - personalmente me parece ridículo este último comentario-. Que conste que estas son las conclusiones a las que llego una psicóloga – de cuyo nombre francamente ni me acuerdo – a la que mis padres, desesperados, me llevaron a la tierna edad de doce años. La verdad es que me siento culpable, no por ser como soy eso no se puede cambiar – y todos aquellos que dicen lo contrario mienten para quedar bien – sino por lo que esa forma de ser hace sufrir a mis padres. Probablemente estas pensando que soy algo así como una camorrista o que me va el rollo emo, gótico, que estoy llena de piercing y tatuajes; pero nada que ver…Si nos ponemos en plan dramático podrías pensar que me drogo, que soy una borracha o cualquier otra adicción, pero tampoco, al fin y al cabo, si se tratase de esto último todo sería cuestión de  que me llevasen a una clínica de desintoxicación, unos añitos de terapia paciencia y ya – ya se que no es tan sencillo que acabar con un vicio requiere sufrimiento y mucha pero que mucha fuerza de voluntad, solo trataba de simplificarlo -. En definitiva qué es lo que va mal conmigo, por  qué mis padres sufren tanto, sinceramente no lo se. Para que te hagas una idea, no tengo sentimientos, no siento alegría ni tristeza, la cosas que se supone deberían causarme cierto pesar me son indiferentes, los acontecimientos felices no me sacan ni una sonrisa; no se lo que es reír o llorar, me siento extraña si me abrazan, no comprendo los cumplidos, no se como empatizar con los demás.

Ese sentimiento de culpabilidad del que antes te hablaba, es lo más parecido a “sentir” algo que he podido experimentar en mi vida. Soy consciente de lo que debería percibir, de cómo debería reaccionar, es solo que lo hago de forma racional, ni de forma instintiva como todo el mundo. Imagino que te estarás preguntando si tengo algún tipo de trauma infantil que me pueda haber causado este “estado”, pero no lo siento no es así de sencillo – para que te hagas una idea, me sometieron a una sesión de hipnosis en busca de “el acontecimiento subyacente” -. Todo esto es a nivel emocional, o más bien no emocional, pero es que tampoco siento nada físicamente – por favor no pensemos mal -, por poner un ejemplo ilustrativo, cuando tenía tres años, me caí por las escaleras, rodé más de dos pisos, por lo visto me hice una buena brecha – apenas me queda señal pero ahí está -. Me levante, me fui a la cocina y le dije a mi madre que quería de mi zumo favorito, sin inmutarme por el chorro de sangre que brotaba de mi frente; solo fui consciente de la gravedad de la cuestión cuando mi madre se llevo las manos a la cabeza y me cogió en brazos.

¿A que esto último es más preocupante? O eso supongo porque me llevaron al neurólogo, me hicieron miles de pruebas para asegurarse de que no tenía algún problema en la médula o en el cerebro, pero nada, más sana que una manzana. Este tipo de cosas han hecho que mis padres no me dejen ni a sol ni a sombra, porque en esa ocasión solo fue una brecha, pero si llega a tratarse de algo más grave me muero sin decir una palabra......

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